Sí, aunque somos muchos los que nos negamos a celebrar el santo más «moñas» del santoral, no podemos obviarlo, porque todo a nuestro alrededor se llena esta semana de flechas, angelitos, corazones y «te quieros» envueltos en papel de regalo.

Ir contra marea siempre ha sido complicado, así que si bien me niego en rotundo a hacer galletas con forma de corazón o tartas empalagosas varias, no puedo resistirme del todo, y dejaré que el amor y sus flechas roce mi blog, discretamente, sin exageraciones, sin demasiados aspavientos…pero lo dejaré entrar por vosotros!!!

Llevaba tiempo enamorada (ya empezamos con ternuras) de las «naked cakes», lo que en correctísimo castellano llamaríamos tartas «desnudas» (en mi pueblo dirían «esnúas», juasjuasjuas). Pero nunca encontraba el momento.

Tartas desprovistas de frostings o cubiertas de fondant, en las que podemos admirarlas tal cual son por dentro, sin ropa…sus «adentros».

Maravillosamente románticas y delicadas, suelen rematarse de bouquets de flores naturales, frutas, y se rellenan de cremas ligeras de mascarpone, de merengues…como siempre las opciones son infinitas, casi tantas como vuestra imaginación os proponga plasmar.

Personalmente, cada vez más enemistada con el fondant, las encuentro de un gusto delicado y me evocan esas películas inglesas en las que los personajes van de picnic y juegan eternos partidos de cricket, mientras las damas toman el té y los observan sentadas en la hierba. ¿No os encantó la película de Jane Eyre?

La receta de hoy es un bizcocho intenso de chocolate, pero nada pesado, relleno de un swiss meringue buttercream de frambuesas y cava. Sencilla y sin complicaciones, con ingredientes fáciles de encontrar, y os adelanto que más de uno caerá rendido a sus pies (y a los vuestros) a la primera cucharada.

Bizcocho de chocolate y nata

  • 230 gr. de huevos batidos
  • 200 gr. harina bizcochona
  • 230 gr. azúcar
  • 160 gr. aceite girasol
  • 50 gr. cacao en polvo sin azúcar
  • 100 ml. de nata (para montar)
  • un pellizco de sal
  • 2 tsp ( 10 ml.) de tu vainilla preferida
Comenzamos batiendo los huevos y el azúcar hasta que dupliquen su tamaño. A parte vamos tamizando la harina, la sal y el cacao y reservamos.
A los huevos y al azúcar incorporamos el aceite y la vainilla y la mitad de lo tamizado anteriormente. Incorporamos la nata y el resto de harina y cacao tamizados, y terminamos de integrar.
Recordad la importancia de batir bien los huevos y el azúcar, pero no tanto la masa final, que en cuanto veáis que se integran todos los ingredientes debéis dejar de batir.
Con estas cantidades a mi me han salido dos bizcochos de 12 cm. de diámetro cada uno, y de unos 7 cms. de alto.
Encamisad los moldes y verted la mezcla en ellos, y hornear a unos 170º, calor arriba y abajo, nivel medio del horno por espacio de una hora aproximadamente. Como siempre tendremos nuestro horno precalentado y cuidaremos de no abrirlo hasta que veamos que el bizcocho ya ha subido y cogido fuerza. Si hacia el final del horneado, se os dora la superficie, tapadlo con papel de aluminio para evitar que siga tostándose aún más.
Una vez fríos, partid cada uno de los bizcochos en dos pisos y emborrachad generosamente con un almíbar ligero como éste. Yo en esta ocasión he sustituido la mitad de agua por cava y ha quedado…¡ya me diréis cómo ha quedado!

SMBC de frambuesas y cava

  • 80 gr. de claras pasteurizadas
  • 160 gr. azúcar
  • 240 gr. mantequilla a temperatura ambiente (yo puse la pastilla entera que son 250 gr.)
  • 100 gr. frambuesas frescas (fresas, frutos rojos…)
  • dos o tres cucharadas de Marc de champagne o de cava.
  • Si queréis potenciar más el sabor de la fruta podéis optar por añadir 1 TBsp de pasta concentrada de frambuesas.
Para los que nunca habéis hecho una crema de mantequilla y merengue suizo (SMBC) os diré que es uno de los rellenos más sedosos que hay, aguanta bien el peso de los pisos de los bizcochos y es muy versátil, ya que admite montones de variables al irle incorporando ingredientes diferentes (cacao, café, ganaches, frutas, siropes, licores, pastas concentradas…)
Comenzamos poniendo en un bol al baño maría las claras y el azúcar. Con unas varillas vamos removiendo poco a poco, hasta que el azúcar se disuelva por completo y al coger un poco de claras entre los dedos ya no notemos el granito del azúcar. Si tenéis termómetro de azúcar ésto ocurrirá a los 60º más o menos, pero si no tenéis, ya sabéis que lo único que debéis conseguir es que se disuelva por completo el azúcar en las claras.
Con las claras y el azúcar calientes, las pasamos a nuestra batidora y comenzamos a batir con las varillas. No vamos a conseguir un merengue de la consistencia del italiano, es más blandito, pero esperad a que añadamos la mantequilla y veréis qué textura!!!

 Con el merengue en este punto (yo lo he batido unos 4 minutos), paramos nuestra máquina y dejamos que se enfríe por completo, si no lo hacemos, al incorporar la mantequilla, ésta se derretirá y puede que se nos corte la crema.

Para enfriar el merengue tenemos varias opciones:

  • Esperar (sí, y funciona!!!)
  • Poner el bol donde tenemos el merengue en otro bol más grande con agua fría e incluso con cubitos de hielo. A esta técnica se la conoce como baño maría inverso y no es otra cosa que, a diferencia del baño maría tradicional, utilizar agua fría y hielo para enfriar ciertas preparaciones.
  • Meter el merengue en la nevera (la menos aconsejable, si bien la más rápida)
Una vez tenemos el merengue frío, comenzamos a añadir poco a poco la mantequilla a temperatura ambiente. Generalmente se aconseja para este paso cambiar el accesorio de las varillas por el de la pala (evidentemente, si vuestra única arma de trabajo son unas varillas, no hay opción) pero yo sigo con las varillas y el resultado es perfecto siempre.

Terminamos de integrar toda la mantequilla y continuamos batiendo. A medida que sigamos, veremos como la crema va «engordando» (igualita que yo, oiga usted!!) hasta quedar con una textura que a mi me recuerda al helado, mirad!!!
Es el momento de añadir los ingredientes escogidos para aromatizar y darle más sabor al SMBC, en nuestro caso las frambuesas trituradas, las cucharadas de Marc de champagne y la cucharada generosa de pasta de frambuesas. Con las frambuesas y la pasta nos va a quedar un bonito color, pero no dudéis en añadir algún colorante en polvo o gel para potenciarlo.
Terminamos de integrar todos los ingredientes y ¡lista!


Y ahora viene lo más divertido!!! 
Rellena con tu SMBC las capas de bizcocho, sé generoso, para que no quede «pobre» y aunque desnuda, esté atractiva. No te preocupes, no debe ser un relleno perfecto, sólo cuida que la tarta no quede inclinada. Alisa con la espátula un poco, o deja que la crema se salga entre los pisos y le de ese aire rústico tan característico. Y remata con un delicado bouquet de flores a juego con los colores de tu «naked cake».
Cuando pongas las flores, a no ser que sean comestibles y tratadas, pon una base de papel de aluminio en la base del bouquet para que no toque el bizcocho y no se embeba del agua que puedan soltar las flores. Lo ideal es que sean flores de cultivo biológico o incluso pétalos o flores comestibles. Pero aún así ojo con que no toque lo que vamos a comer después.
Parece laboriosa, pero os aseguro que cuesta casi más escribir y leer la receta que hacerla. Así que…TRES, DOS, UNO…¿Te enamoras de las «naked cakes»?
                                  Un beso, Belén.