El 26 de Julio en mi casa es una fecha especial por tres motivos: celebramos el santo de mi padre, el de mi hermano y el aniversario de boda de mis padres. Así que por norma es un día en el que reunirnos todos y celebrar. Celebrar que seguimos juntos, que discutimos por tonterías, que vamos sorteando las piedras que la vida nos pone en el camino, que nos queremos…

Por supuesto los gustos y caprichos culinarios de mi padre mandan este día, y el menú suele hacerse para el deleite y disfrute del jefe del clan, que para éso es el «pater familias», y en mi casa no hay dicho más repetido que aquel de «cuando seas padre comerás huevos». Así que lo tenemos claro, él manda.
Chipirones en su tinta con ajitos tiernos, mejillones a la provenzal, arroz con bogavante y de postre una maravillosa y contundente tarta de café y merengue, han constituido el menú de este año, y creo que hemos triunfado.

La tarta en cuestión, que es lo que nos importa, consta de una elaboración base de un bizcocho de café, vainilla y azúcar demerara, de una crema de queso para el relleno sin complicaciones y de un pedazo de merengue suizo que quita el sentido.

¿El truco para que todos hayan peleado por llevarse porciones de tarta a sus casas en sus correspondientes «tuppers»? Pues hacerla con un par de días de antelación y emborracharla bien de café y licor, en concreto yo he usado un ron añejo y os aseguro que no he escatimado en «darle alegría» …

Vamos por partes:

 BIZCOCHO DE CAFÉ ( para dos bizcochos tipo «layer» de 21 cm. de diámetro)

  • 4 huevos «L»
  • 125 gr. azúcar blanquilla
  • 125 gr. azúcar demerara
  • 150 gr. aceite girasol (o si prefieres oliva suave)
  • 200 gr. harina repostería
  • 1 sobre de «Royal» (16 gr. impulsor químico o «baking powder»)
  • 65 gr. nata líquida
  • 10 gr. café soluble (tipo «Nescafé»)
  • Vainilla, mucha, nunca sobra, y si es buena es el toque perfecto. En esta receta yo he usado vainas de vainilla de Tahití, una maravilla que si podéis debéis probar.

 

 
Batimos los huevos junto con los dos tipos de azúcar,  si no encontramos «demerara» podemos sustituirlo por otro azúcar moreno, pero sin duda el color y el aroma de éste tipo en concreto de azúcar moreno le da un toque muy particular a nuestra receta. Añadimos el aceite, la harina tamizada junto con la levadura en polvo y mezclamos con nuestras varillas manuales o, si lo preferís con vuestro robot de cocina.
Por último diluimos en la nata el café soluble e incorporamos a la mezcla junto con una vaina de vainilla raspadita. Si no tenéis vainas, optad por un buen extracto.
 
Repartimos la mezcla en dos moldes previamente engrasados y horneamos a unos 170º durante 30 minutos nuestros bizcochos de café.
 
Llegados a este punto, se recomienda hacer un ejercicio de fuerza de voluntad y no zamparse los bizcochos mojaditos con leche, ya que aún estamos comenzando con la receta que nos ocupa hoy. OMMMMMMM!!!
 
CREMA DE QUESO Y CAFÉ
  •  200 gr. queso crema (yo he usado «Philadelphia»)
  • 100 gr. mantequilla en pomada
  • 100 gr. azúcar glass
  • una buena cucharada de café soluble
Batimos con unas varillas o como yo en el Thermomix (a velocidad mínima) la mantequilla y el azúcar glass hasta que blanqueen. Añadimos el queso bien frío y el café (más o menos cantidad según la intensidad que busquemos) e integramos lo justo para que la mezcla quede uniforme cremosa y firme. Si batiéramos mucho y muy rápido, nos quedaría una crema blanda y sin cuerpo. Así que recordad hacerlo a baja velocidad y durante poco tiempo. Reservamos en la nevera tapada con papel tipo «film» hasta el momento de usarla como relleno de nuestra tarta.
MERENGUE SUIZO
 
  • 150 gr. de claras pasteurizadas
  • 300 gr. de azúcar
Ponemos las claras y el azúcar en un cazo a fuego muy suave para evitar que se cuajen las claras, y si queremos estar más tranquilos, ponemos todo en un bol de cristal al baño María y vamos removiendo sin parar con unas varillas. No nos hace falta tener termómetro de azúcar, pero si lo tenemos debemos llevar la mezcla a una temperatura de unos 60º. Si no disponemos de termómetro, cuando al tocarlo entre los dedos no notemos el granito de azúcar, estará listo para comenzar a montar nuestro merengue.
Pasamos las claras y el azúcar al bol de nuestro robot de cocina o batidora y comenzamos a batir a velocidad alta hasta conseguir un merengue firme, brillante, blanquísimo y estable.
                                                                                               ¡Merengue, merengue!
 
MONTAJE DE LA TARTA
 
¿Todo preparado? ¡Pues vamos allá!
Lo primero, como os he adelantado antes, es emborrachar bien nuestros discos de bizcocho ( si haces el bizcocho de una sola pieza, en vez de en discos, debes cortarlo en discos con una lira o cuchillo procurando que queden uniformes). Una vez frío el bizcocho y desmoldado, emborrachadlo bien con café y ron en una proporción de 3 a 1, es decir por cada tres partes de café fuerte, una de ron. Al menos ese es el punto que a mí me gusta. Y si tenéis tiempo de sobra, dejadlo que se cale bien toda una noche, al día siguiente estará maravilloso.
Con cuidado de no romperlo, ya que está muy blandito y jugoso, disponed una capa de bizcocho, rellenad generosamente con la crema de queso, disponed otra capa de bizcocho y cubrid con tooooodo el merengue del modo que más os guste. Ya veis que yo no me he complicado nada, y con un simple cuchillo y disponiendo el merengue de un modo muy tosco, he conseguido un efecto muy visual.
Una vez cubierta la tarta con el merengue, quemadlo un poquito con un soplete o, si no tenéis soplete, espolvoread con cacao en polvo y terminad de decorar la tarta como más os guste.
Por último, miradla, suspirad de alegría ante el trabajo bien hecho, haced unas cuantas fotos para conservad su imagen «in aeternum» y llorad ante el despliegue de texturas y sabores que os propone la receta de hoy.
Entre la primera prueba de la tarta y la tarta definitiva, me he puesto en una semana dos kilos!!! Jajajajaja!
Pero todo sea por vosotros y por mi querido blog.
Un besito enorme, Belén.