Torrijas ligeras | Cupcakes a Gogó

¡Marchando una de torrijas ligeras! Casi mejor…¡marchando dos de torrijas! O tres, o cuatro…cuantas más torrijas como más me apetece seguir comiendo. A estas alturas de mi vida con #taytantos años a mis espaldas y en mis caderas, estoy segura de que las torrijas tienen algún extraño efecto en mi metabolismo y que en vez de saciarme me van  creando sensación de apetito a cada mordisco que les doy.

Pero ¿sabes lo bueno de esta receta de torriijas? Pues que son unas torrijas ligeras, nada pesadas y absolutamente igual de ricas que las de toda la vida.

 

El truco para conseguir unas torrijas ligeras

Las torrijas que hago y que como muchas de las cosas que comparto con vosotros las he aprendido de mi madre, no son unas torrijas pesadas, ni demasiado dulces: no llevan almíbar, ni vino, ni miel…ni siquiera las remojo con leche como la mayoría de las recetas, sino con agua. El resultado es el que esperamos de unas torrijas espectaculares: cremosas y blanditas por dentro, llenas de sabor, con su fritura dorada perfecta… pero más ligeras.

Un toque de limón y el inconfundible sabor de la canela hacen que en casa no tengamos que esperar a Semana Santa para comerlas,  ya que en cuanto hay pan del día anterior nos metemos en faena y hacemos torrijas ¡Torrijas ligeras, eso sí!

 

torrijas

Hacer torrijas un poco más ligeras es posible

 

Origen de las torrijas

Parece ser que ya en la obra de Apicio allá por el siglo I, el famoso gastrónomo romano ya hablaba de un dulce hecho a base de pan remojado en leche. Así que lo que está claro es que las torrijas llevan deleitándonos hace muchos, pero que muchos años.

En España es típico consumirlas en Semana Santa y en Cuaresma, ya que durante el ayuno que la Iglesia católica exigía a sus fieles en estas fechas, las torrijas eran (y siguen siendo) el combustible perfecto para suplir la ingesta de carne. Del mismo modo que en el mundo árabe tras el Ramadán, los dulces más típicos que se consumen son una bomba calórica y un despliegue de azúcares y frutos secos para romper el ayuno marcado por el Corán.

 

 Ingredientes para nuestras torrijas ligeras

  • pan del día anterior e incluso de más días *
  • 2 huevos
  • un chorrito de leche (tres deditos de un vaso)
  • limón
  • aceite para freírlas
  • azúcar y canela

*Hay recetas de torrijas hechas con pan especial de torrijas. ¿Quieres hacer el pan de torrijas tú mismo? ¡La receta de Virginia Sweet and Sour te va a encantar!

Comenzamos cortando el pan en rebanadas de aproximadamente un dedo y medio de grosor y las empapamos en agua fría poniéndolas debajo del grifo del agua. Deben quedar bien remojadas. Las dejamos reposando todas juntas en un bol o bandeja y tapadas con un trapo limpio un buen rato para que queden bien blandas y empapadas.

Mezclamos batiendo con un tenedor los dos huevos, el chorrito de leche y la ralladura de limón y vamos rebozando con cuidado de que no se rompan las rebanadas de pan previamente remojadas, deben estar súper blanditas, así que ojo al manipularlas.

Llenamos una sartén con abundante aceite (yo he usado de girasol) y en cuanto el aceite esté caliente empezamos a freírlas hasta que adquieran ese precioso tono dorado que las caracteriza.

Una vez fritas, sólo nos queda pasarlas por  azúcar mezclado con la canela (¡sed generosos!) y esconder la fuente con las torrijas ya listas si no queréis que desaparezcan antes de hora.

Aún recuerdo la vez que mi madre dejó hecha una bandeja entera de torrijas (unas dos docenas) y cuando volvió de trabajar quedaba sólo una… la de la vergüenza. Entre mi hermano y yo fueron desapareciendo de una en una. Así que ya os digo que las torrijas son para mí  lo que la marmita de poción mágica para Obélix, y no puedo contenerme ni comerlas con moderación.

 

Momento confesión: hoy ya llevo cinco… Pero son torrijas ligeras!

 

Espero que os gusten, que os animéis a hacerlas y por supuesto que me dejéis vuestro comentarios y opiniones más abajo. ¡Vuestros comentarios son el motor de este blog!

Un beso enoooorme,

Belén.